Redacción: Luis Camacho. Delicias, Chihuahua. — La ciudad perdió hoy a uno de sus últimos vínculos vivos con su origen más remoto. A los 9...
Redacción:
Luis Camacho.
Delicias, Chihuahua. — La ciudad perdió hoy a uno de sus últimos vínculos vivos con su origen más remoto. A los 95 años falleció Don Andrés Bünsow, descendiente directo de los primeros pobladores asentados en el territorio mucho antes de que Delicias existiera como proyecto agrícola, como municipio o incluso como idea. Su muerte marca el cierre de una generación irrepetible: la de quienes no llegaron a Delicias, sino que ya estaban aquí cuando aquí no había ciudad.
Un linaje anterior a Delicias
La familia Bünsow, de origen alemán, se estableció en la región a mediados del siglo XVIII. Su hacienda, conocida como La Polvosa, antecedió por décadas a cualquier otro asentamiento formal. En ese mismo territorio, en 1888, se levantó el edificio que más tarde sería el emblemático Hotel del Norte, primero como casino privado para hacendados de Durango, Coahuila y Sinaloa, y después como refugio de celebridades de la época dorada del cine mexicano.
En el patio del hotel aún permanecen las enormes barricas de madera, silenciosos testigos de la grandeza y el empoderamiento que la familia alcanzó en su tiempo. Son piezas que no solo hablan de prosperidad, sino de una época en la que Delicias aún no existía y el apellido Bünsow ya formaba parte del paisaje.
El niño que creció entre estrellas
Para Don Andrés, el Hotel del Norte no era solo un edificio histórico: era su casa. Creció entre pasillos que vieron desfilar a las figuras más grandes del cine nacional. Mientras otros niños jugaban en la calle, él convivía con los ídolos que México entero admiraba desde la pantalla.
Conoció a Pedro Infante, a quien recordaba con una claridad desarmante: “Pedrito no bebía ni una gota de alcohol”, decía, desmontando mitos con la naturalidad de quien habla de un viejo amigo.
De Cantinflas, en cambio, guardaba una impresión distinta a la del personaje risueño que el país idolatraba. Lo describía como un hombre serio, reservado y con un gusto marcado por el licor.
Y la lista continuaba: Silvia Pinal, Joaquín Pardavé, Tin Tan y su carnal Marcelo, Capulina, Manolo Fábregas, y un sinfín de estrellas pasaron por el hotel que también era su hogar. Don Andrés los veía no como leyendas, sino como huéspedes habituales, parte del paisaje cotidiano de su infancia.
La revolución, la pérdida y el regreso
Durante la Revolución, la hacienda familiar fue arrebatada por las fuerzas villistas. La familia sobrevivió, pero perdió su patrimonio. Años después, tras la pacificación del país, recuperaron solo una fracción de lo que había sido suyo. Esa memoria —la de la prosperidad, la pérdida y la reconstrucción— fue narrada por Don Andrés en una entrevista realizada por el profesor Trejo, una grabación que hoy adquiere un valor histórico incalculable.
Un hombre sencillo, una herencia profunda
A pesar de la grandeza de su linaje y de haber crecido en un entorno privilegiado, Don Andrés destacaba por su incomparable sencillez y calidad humana. Era un hombre cercano, afable, profundamente orgulloso de su tierra. Su pasión por Delicias no era un discurso: era una forma de vida.
Para muchos, la ciudad que hoy conocemos existe gracias a la historia que su familia ayudó a construir. En ese sentido, Delicias es también una herencia de los Bünsow, un legado que Don Andrés llevó siempre con humildad y responsabilidad.
Un patrimonio humano que Delicias no debe olvidar
Con su muerte, Delicias pierde la última voz nacida en el territorio original, antes de la llegada de los inmigrantes que poblaron la región durante la construcción del sistema de riego y el auge agrícola. La mayoría de los llamados “fundadores” de Delicias llegaron de otras ciudades y estados; Don Andrés, en cambio, representaba la raíz más profunda, la que antecede al municipio mismo.
Su figura encarna un capítulo que Delicias aún no ha contado con la seriedad que merece. Su vida es un puente entre la hacienda, la revolución, el nacimiento del municipio y la ciudad moderna. Su memoria, ahora irremediablemente histórica, obliga a reflexionar sobre la necesidad de preservar y honrar a quienes dieron forma al territorio antes de que existiera el nombre que hoy lo identifica.
Hoy Delicias despide a Don Andrés Bünsow.
Y con él, se despide también el último latido directo de su origen.
Un llamado a la memoria pública
La partida de Don Andrés abre también una responsabilidad colectiva. Delicias le debe un monumento, no como gesto ornamental, sino como acto de justicia histórica hacia quien encarna el origen más profundo de la ciudad. Su vida, su linaje y su testimonio representan un patrimonio que no puede quedar reducido a recuerdos familiares o a grabaciones aisladas.
Del mismo modo, el Hotel del Norte, hoy abandonado, debería ser rescatado por el municipio como patrimonio histórico. No para convertirlo en un museo congelado, sino para devolverle su dignidad como uno de los espacios fundacionales de Delicias. Cada barrica, cada muro y cada pasillo cuentan una historia que pertenece a todos.
Honrar a Don Andrés es honrar a Delicias.
Y preservar su legado es, en el fondo, preservar nuestra propia identidad.

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