Por: Luis Camacho. Las declaraciones de Ariadna Montiel anunciando denuncias contra funcionarios de Chihuahua contrastan con la estr...
Por: Luis Camacho.
Las declaraciones de Ariadna Montiel anunciando denuncias contra funcionarios de Chihuahua contrastan con la estructura real de responsabilidades derivadas de los bloqueos carreteros. Conforme al marco constitucional, los primeros sujetos obligados son los elementos de la Guardia Nacional que, por acción u omisión, permitieron la instalación de retenes ilegales en una carretera federal. La revisión de documentos, la retención de autobuses y el regreso arbitrario de pasajeros constituyen violaciones al artículo 11 constitucional (libre tránsito) y actos de usurpación de funciones, mientras que la inacción de los agentes federales contraviene el artículo 21, que les impone la obligación de garantizar la seguridad pública y restablecer el orden.
Este hecho se inserta en una cadena de omisiones que asciende jerárquicamente: mandos operativos que no ordenaron intervenir; la Secretaría de la Defensa Nacional, responsable de la operación de la Guardia Nacional; la Secretaría de Gobernación, encargada de la política interior y con conocimiento previo de los bloqueos; y finalmente la Presidenta de la República, cuyo deber constitucional —artículo 89, fracción VI— es preservar el orden interior y hacer cumplir la Constitución. Dada la amplia difusión mediática del bloqueo y las declaraciones públicas de los retenedores, no es jurídicamente sostenible alegar desconocimiento.
En este contexto, dirigir denuncias exclusivamente hacia funcionarios estatales resulta incongruente con la estructura de responsabilidades prevista en la Constitución. La cadena de fallas es federal, no estatal, y cualquier intento de limitarla a Chihuahua carece de sustento jurídico.
Y lo verdaderamente lamentable es que Morena no parece percibir —o no quiere admitir— que el boicot a la marcha se gestó desde la propia Federación. Desde su estructura, desde sus operadores, desde quienes cruzaron los brazos cuando debían actuar. Las sospechas no tardarán en caer sobre la propia Ariadna Montiel, quien se adelantó a convocar una marcha que ni era urgente ni estaba políticamente madura. Su inclinación por el aspirante de Juárez es evidente, como también lo es que Juárez no aportó absolutamente nada a la movilización. Durante la presentación de las figuras políticas en el templete, el único aplauso audible provenía de quienes habían sido convocados por la senadora con licencia Andrea Chávez. Esa imagen —una marcha débil, dividida y sin respaldo territorial— exhibe que el verdadero sabotaje no vino de afuera, sino de adentro.

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